Caballo

Don Carmelo, como es conocido José Carmen Moya, se puso de rodillas en el pavimento y alzó sus manos y mirada al cielo, para darle gracias a Dios por los nueve años que le prestó a su caballo, a quien había bautizado como Trencito.

El hombre de 70 años no podía ocultar su tristeza porque minutos antes el animal se desplomó y falleció de súbito cuando lo acompañaba en la venta de lácteos por las principales calles de Ahuachapán.

Trencito acompañó a don Carmelo en dicho recorrido desde hace tres años, cuando el septuagenario comenzó a tener problemas para caminar, debido al reumatismo que presenta en ambas rodillas.

Desde entonces, el caballo fue su acompañante, aunque en su grupo familiar estuvo por nueve años.

Las fotos del ahuachapaneco despidiéndose de su caballo se comenzaron a viralizar la noche del miércoles.

Su autor, Andrés Viana, colaborador de la alcaldía de Ahuachapán, veterinario de profesión y amante de la fotografía, relató que el miércoles, entre 2:00 y 3:00 de la tarde, don Carmelo se encontraba comercializando su producto en la 4da. Calle Poniente, entre 2da. y 4ta. Avenida Norte.

Aproximadamente a esa hora, el animal comenzó a temblar hasta fallecer, aparentemente, de un paro cardiaco, expresó, por su parte, el anciano.

“Me hinqué en el pavimento para darle gracias a Dios por los días que me lo había prestado (porque) era mis canillas porque no puedo caminar. Era fiel, me servía en todo. Después de Dios, me ayudaba para mantener a mi esposa (Albertina Noyola de Moya, de 70 años). Ayer (miércoles) que vine a la casa, le dije ‘vaya mija, aquí están los últimos centavitos que el caballito nos dejó’. Ella se puso a llorar porque los dos somos ancianos. Los dos nos pusimos a llorar”, expresó el septuagenario.

Don Carmelo tiene 35 años vendiendo productos lácteos que él mismo prepara. Para ello, compra la leche y junto a su esposa hace queso y crema, entre otros productos.

Pero desde este jueves ya no podrá salir a vender debido a que ya no cuenta con su medio de transporte. El dolor que siente en sus rodillas le impide salir a pie.

Ahora “no puedo, de nada me serviría hacer venta, como no puedo caminar. Mis pies eran el caballo; (antes de morirse) me decía que me lo cambiaban o me lo compraban, pero les decía que no. ‘Vendía mis canillas’, les decía”, dijo don Carmelo.

Lo poco que gana en la venta de lácteos sirve a la pareja de ancianos para comprar su comida.

Veterinarios particulares y empleados de la alcaldía de Ahuachapán llegaron el miércoles al lugar para apoyar al ahuachapaneco.

El caballo fue sepultado en la planta de transferencia de la municipalidad ante la falta de un lugar de su propietario.
Viana explicó que los caballos en ocasiones mueren por problemas cardiopulmonares; incluso hay un problema en donde se revienta una vena, aorta. Pero aclaró que, en este caso, era difícil determinar la causa.

Tras conocerse el caso a través de redes sociales, varias empresas de la ciudad han ofrecido ayuda a don Carmelo. Incluso una de ellas, dedicada a la entrega a domicilio, ofreció la compra de un nuevo caballo para el ahuachapaneco.

Fuente elsalvador.com