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Algunos estudios habían indicado que duraban pocas semanas, hasta un máximo de 12 meses, lo cual hacía que las reinfecciones representaran la amenaza de una temporada eterna de COVID-19. 

La investigación, realizada por el laboratorio deCODE, de Reikiavik, una filial de la biotecnológica Amgen, de los Estados Unidos, destacó que, a diferencia de las anteriores, que observaron a las personas durante 28 días, esta los siguió durante cuatro meses, y halló que entre uno y dos meses después de la infección, el cuerpo produce una segunda serie de anticuerpos que podrían brindar una protección más duradera. 

«Si se encontrase una vacuna que generara anticuerpos similarmente duraderos, »habría esperanza de que la inmunidad del huésped de este virus impredecible y altamente contagioso no fuera fugaz y resultara similar a aquella que producen la mayoría de las demás infecciones virales«, escribieron Alter y Seder en su comentario sobre el estudio. Sus análisis de diferentes anticuerpos, »capturados a través de diferentes antígenos del SARS-CoV-2″, mostraron «una instantánea sin precedentes» del modo en que surgen y se mantienen los anticuerpos tras la invasión del coronavirus a las células.

«A diferencia de la detección de patógenos, que solo es posible de manera transitoria, en el momento de la deposición de los patógenos en aquellos lugares donde se recoge el material para el diagnóstico, los anticuerpos son marcadores duraderos de una infección, que proporcionan información crítica sobre las tasas de infección a nivel de población», agregaron los comentaristas. 

En su opinión, este trabajo es otra prueba de la importancia de los análisis de anticuerpos, más que los análisis sobre la presencia del virus en sí, para obtener la información necesaria para terminar la pandemia. En cambio, «la evaluación precisa de los anticuerpos puede brindar información demográfica importante sobre la exposición a los patógenos, facilitar la comprensión del papel de los anticuerpos en la inmunidad y orientar el desarrollo de la vacuna». Como ejemplo señalaron que Stefansson y sus colegas calcularon que un 56% de las personas con anticuerpos también habían obtenido un positivo en el estudio de detección del SARS-CoV-2, lo cual estimó que más de la tercera parte de los que tenían anticuerpos nunca supieron que estuvieron infectados mientras duró el paso del coronavirus por su organismo.

«Eso demuestra que las pruebas de anticuerpos capturaron un porcentaje mayor de las exposiciones». Como datos accesorios el estudio señaló que se confirmaron niveles más elevados de anticuerpos en los adultos mayores y en las personas hospitalizadas y más reducidos entre los fumadores y las mujeres, que sufrieron los cuadros menos graves. «La observación más sorprendente fue que los anticuerpos permanecieron estables durante los cuatro meses posteriores al diagnóstico», subrayaron Alter y Seder. «A diferencia de estudios anteriores, este sugirió que la inmunidad humoral del SARS-CoV-2 podría ser estable».

La falla principal de los estudios previos es que solo captaron la primera ola de anticuerpos que, en efecto, dura poco, ya que su fin es trabajar en el período agudo de la infección. « En este sentido, en el estudio de Islandia se observó un aumento y una decadencia temprana de los anticuerpos, pero con una pérdida limitada de anticuerpos en momentos posteriores, conclusión que apunta a una inmunidad estable contra el SARS-CoV-2 durante al menos cuatro meses después de la infección», cerraron.